miércoles 30 de diciembre de 2009

2010... la odisea de un momento

          Delicioso sabor. Setas, pimientos rojos, una buena salsa y pan caliente. Afuera lluvia y frío. De segundo lonchas de cerdo y roquefort, maná sencillo de los que se deshacen con sólo mirarlo. Afuera el barro y el viento. El hogar con los juguetes desparramados, las sonrisas y el café... sólo y caliente. Un día especial, un día cualquiera.

          Yo le llamo con nombre artístico cuando hablo de él, y le llamo Spinoza, cómo el filósofo o el bluesman, que algo tiene de ambos, pluma y garganta. Niño pequeño, padre cabal, así deberían ser todos, curiosos y responsables. Jamás he sabido si canta mejor que escribe o si toca la guitarra mejor que bromea sobre la vida. Ambos hemos compartido muchas carcajadas y sinsabores, y es que el tiempo nos hace mayores y nos encanece, aunque aún nos queda tiempo hasta llegar a tener la vida y las canas de Tony Bennet. Y cito a Bennet como podría haber citado a Joe McNally ya que este último fotografió un día al primero con tal belleza que esa foto se me quedó en el registro de 'por haceres' pese a que ya ni la recordaba.

          Tras una tarde bastante loca (Spinoza es un gran artista pero no se ganará nunca la vida como modelo), usando varias luces improvisadas en su pequeño estudio, decidí apagar todas menos una de ellas. Un softbox de 90x90 y una cabeza de flash a mi izquierda por encima de ambos, en principio buscando una luz Rembrandt y sin relleno para las sombras... click, así de sencillo, o eso parece. Hice varias tomas, ninguna me convencía hasta que decidí hacerle mirar la luz... y dejar de lado mi idea inicial. Al mirar directamente a la fuente de luz el flash saltó y por un momento le dejó ciego, cerró los ojos y sonrió, yo disparé. Repito, una foto sencilla pero una foto que la hizo él más que yo. El tono cálido lo decidí al instante, obviando el blanco y negro que le hubiera ido como un guante, pero el color me hizo volver a vivir el momento de esa sonrisa que, sin mirarme, Spinoza me regaló.

         Al día siguiente Pelayo, otro buen amigo fotógrafo, me comentó que en una conocida tienda estaban vendiendo el libro de McNally 'The moment it clicks' traducido, un regalo genial para pasar las navidades. Me fui y lo compré, me puse a leerlo y me encontré con la foto de Tony Bennet... sencilla pero muy complicada. Dios me libre de compararme con nadie, pero por un momento entendí que hay en la fotografía una mística especial que hace que de una tarde llena de horas y fotos sólo valga una  ínfina fracción de segundo, lo que dura el destello de un flash. En ese instante una fotografía puede sacar las entrañas de alguién y plasmar la bondad, la honestidad y el amor que le rodean.



          Espero que muy pronto todos podamos disfrutar de su música y su verbo. Yo, privilegiado ya lo he hecho muchas veces, que son pocas para las que me quedan. Como el mismo Spinoza diría en su blog 'Señales de vida'...



... a más ver y feliz año!!!

viernes 25 de diciembre de 2009

Navidad... otra feliz Navidad

          Probablemente todos tenemos una historia parecida, una persona que va midiendo su vida por navidades superadas. En mi caso la navidad es el histograma vital de alguien a quien adoro, de la persona que siempre ha estado a mi lado pese a que hace años me olvidó obligada al convertirse poco a poco en un bebé.

          No sé si en lo más profundo de su enfermedad me recuerda, pero en cada uno de sus gestos encuentro yo los recuerdos de mi infancia y de su vida. Cada 24 de diciembre (ya casi hace un siglo) ella ha estado ahí, cada día con la memoria más apagada pero siempre con esa sonrisa que calienta como una chimenea. En su mirada encuentro miles de preguntas, de las que ya no tienen respuesta por no hallar enunciado. Mi nochebuena comienza con una foto, esta foto... siempre la haga al olor de las croquetas de patatas que mi madre heredó de esta mujer.



Te quiero R.

domingo 20 de diciembre de 2009

El hombre que mueve las luces

          Podría considerarle un tipo extraño pero me catalogaría a mi mismo por la cultura que compartimos. Tampoco puedo comparme, él es un pequeño genio y yo ni me acerco a sus peculiaridades. Se llama Sergio, músico e investigador de lo absurdo, depredador de series, cómico (de los que hacen reir, temer y llorar) y excepcional modelo que me ha prometido tener un papel imprescindible, imponderable, imprevisible e impresionante en una de las series que ando preprarando... me gusta la gente que se apunta a ciegas a cualquier locura.



          El retrato pertenece a la 2º y tardía sesión, en Tempo Club, que he realizado para la banda Fix This. Sergio es el batería de la banda, pero además es un compositor influido por la electrónica, la banda sonora cinematográfica (Bernard Herrmann/ Hitchcock o Ángelo Baladamenti/ Lynch podrían ser sus fuentes) y las versiones de juguete de las cajitas de música. Un hombre pleno de concentración que es capaz de dispersarse por el vuelo de un mosquito y a la inversa. Nadie movió esa lámpara, sólo pudo ser él mientras pensaba en como manejar sus baquetas en su próximo concierto, eso o los mosquitos últimamente han mutado.

          Me enorgullezco de compartir en píldoras pequeñas bromas con él, espero que en el futuro sean algunas más.

          Nota: (ISO 800; 1/250; f8. Usé un sb900 con paraguas reflector como luz principal y un sb800 para rellenar sombras con un softbox 60x60)

sábado 5 de diciembre de 2009

Anónimos y antónimos... jam en la ciudad

La ciudad es anónima y antónima, quizás por eso cuando uno, dos o siete fotógrafos se juntan tratan siempre de sacar los sinónimos posibles al popular callejero. Traigo esta entrada por calentar motor, se acercan el final de diciembre y pronto estaremos de nuevo montando lios con las cámaras y los flashes en cualquier calle de la ciudad.

Con manga corta coincidimos y la fiesta se desarrolló algo más que bien... paramos al mundo en Fuencarral y el mundo posó para nosotros.



Sin parar a asegurar el tiro, sólo por intuición, uno trata de conseguir en tres segundos una expresión que defina al anónimo.No hay preocupación por la técnica, hay algo de rubor compartido y casi siempre una sonrisa final que te hace cómplice... es ahí mismo cuando se encuentra el sinónimo.


Si uno de estos días, paseando por Madrid, al olor de las castañas asadas, encuentras a un grupo de locos armados hasta los dientes de cachibaches que explotan en luz... párate con ellos y deja que te hagan una foto. Así el espíritu este que acaban de encender en las calles de una ciudad anónima y antónima... cambiará por tres segundos su curso y será mucho más cercana y divertida.



A mis buenos sinónimos de Caborian