domingo 7 de febrero de 2010

La sonrisa de Larisa

Si algo bueno tiene la fotografía de retrato es la comunicación con otros seres... en ocasiones seres articulados, a veces seres superiores, en otras congéneres del megapixel. Se suele pasar bien y no tanto, eso suele corresponderse con las tablas del que está ante la cámara y la calma y la experiencia de quién maneja los enseres del estudio.

Hacer un retrato de un compañero fotógrafo es un pelín peliagudo, será por el temos a que te digan que una contra esta mal, que el flash principal no está bien colocado o que la toma la debes realizar desde más abajo. A veces no me doy cuenta, pero ellos y ellas deben estar más nerviosos que yo ya que ese lugar les es extraño y hostil.



Larisa López es una compañera y amiga fotógrafa en clave de Fa, bichejo avezado en arrastrarse por los escenarios en busca de la luz del jazz. Ella hace de la luz disponible la única válida, de hecho tras terminar sus estudios de Bellas Artes dejó olvidados los destellos de las lámparas para aprovecharse de las rentas del sol, la luna y los focos de colores de los escenarios. Colores que para ella significan tonalidades de gris, negros y blancos...  en todo ello hay pureza.

La ilicitana se vino al estudio una tarde loca con ganas interpretativas, a dejarse ver por el hueco, algo poco habitual en ella, de la caja oscura. Toda la lírica que encirran sus tomas se vuelve nervio y carácter bajo las luces.

Gracias por el buen rato compañera!!!

Un beso.